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En una noche clara se pueden observar en el cielo multitud de puntos luminosos, los "cuerpos celestes" o "astros". Unos mantienen unas posiciones fijas respecto a los demás y titilan, las "estrellas", mientras que otros cambian de posición y brillan de manera más regular, los "planetas" ("astros errantes").
Si se toma un punto de referencia sobre la superficie terrestre, la posición de las estrellas cambia con el tiempo, o lo que es lo mismo, se puede considerar que las estrellas están fijas sobre una superficie esférica sólida cuyo centro es la Tierra, que es la que gira. Así pues, la esfera aparente centrada en la Tierra en la que se proyectan todos los astros se denomina "esfera celeste" o "bóveda celeste". Por analogía con las denominaciones terrestres, se llama "ecuador celeste" a la proyección del ecuador terrestre sobre la esfera celeste y "polos celestes" a las proyecciones del eje de rotación terrestre sobre la esfera celeste.
Ahora bien, el Sol también es una estrella, pero no sigue el mismo movimiento aparente de las demás. El Sol sigue alrededor del cielo una trayectoria circular que difiere ligeramente de la de la Luna, cruzándose ambas en dos puntos, en lados opuestos del firmamento. A la trayectoria que describe el Sol se la denomina "eclíptica", porque cuando en Sol y la Luna coinciden simultáneamente en su llegada a uno de los puntos de cruce, la Luna pasa por delante del Sol y se produce un "eclipse" u ocultación transitoria del Sol.
Observando exhaustivamente los movimientos de los astros se pueden construir modelos que permiten justificar estos movimientos y, por tanto, intentar predecir los mismos. Esta es la base de la "Astronomía", ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos.