Está formado por los depósitos que acumulan el agua caliente procedente de los paneles y es imprescindible su instalación, debido a que la variación en la intensidad de la radiación solar no coincide con la variación en la demanda de energía por parte del consumidor.
La capacidad de estos depósitos oscila entre los 50 y los 100 litros de agua por cada metro cuadrado de superficie captadora, aunque en cada caso el tamaño adecuado viene dado por factores técnicos y económicos. Los depósitos suelen ser de acero, protegidos contra la corrosión por diversos tratamientos, o de otros materiales, pero en cualquier caso han de estar aislados para evitar las pérdidas de calor.