Se ha detectado la presencia en forma de partículas microscópicas de diversos metales pesados en el aire atmosférico, en concentraciones muy pequeñas, principalmente plomo, cadmio y mercurio, procedentes de los combustibles utilizados en los medios de transporte y algunas emisiones industriales. Pueden producir diferentes daños sobre el organismo humano, siendo su principal característica el hecho de ser tóxicos acumulativos, es decir, que el organismo no es capaz de eliminarlos con el tiempo.